Foto: Juan Echeverria / Texto: Belen Alvaro
Hay una pregunta que nunca respondes bien ¿por qué
escribes?,
una peor ¿sabes hacerlo?
Pero la seguridad no es algo que entre en tus planes, te
engaña cuando quieres asirla.
Siempre esa cartera de piel hinchada de papeles,
que huele a tinta caliente del roce constante.
Los textos llevan años en la misma posición, prensados en
la misma oscuridad estrecha.
No tienes tiempo de releer lo que escribes, a menudo, ni
tiempo de escribirlos.
Esta mañana, te sentaste a su lado.
Durante interminables minutos, no supisteis que deciros.
Ni la manida frase sobre el tiempo, aunque primavera, hacía frío y no dejaba de llover.
Ni la más normal de las sentencias en este tipo de
esperas,
sabe usted cuándo pasó el último.
No hubo miradas directas, ni siquiera con rodeos. El
momento parecía mal elegido. El mundo no estaba para encuentros.
Y decidieron quedarse allí hasta que lo estuviera,
o alguien les rescate.
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